La Democracia de los Espectadores

Autor: Tamara Gutiérrez Noreña
Publicación: agosto 13, 2026
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Cada vez resulta más difícil distinguir entre nuestra condición de consumidores y la de ciudadanos. El modelo clásico de democracia deliberativa parece ya no encajar en el mundo occidental contemporáneo: las formas de comunicación y convivencia se han transformado profundamente bajo el influjo del neoliberalismo. En este contexto, lo que nos queda es reconocer el cambio y asumir la responsabilidad para tomar decisiones conscientes, estar dispuestos a construir una comunidad activa y participativa, solo así podremos aspirar a un futuro en el que los conflictos se administren de manera eficaz mediante la asociación, la participación y la corresponsabilidad ciudadana.
Hoy, la política se vive de manera ambigua: no sabemos nuestro rol como ciudadano o como consumidor. Nuestro comportamiento frente a lo público se asemeja al de un cliente frente a un producto o servicio: reaccionamos de forma pasiva, rezongando y nos quejamos cuando algo nos desagrada, pero rara vez participamos de manera propositiva. Esta actitud erosiona la idea de ciudadanía, pues reduce la política a un mercado de ofertas y demandas, debilitando el compromiso colectivo y la construcción de lo común.

“La política se convierte en un espectáculo de imagen y mercadotecnia.”

Los políticos y los partidos, conscientes de que vivimos en una situación donde predominan los críticos pasivos —aquellos que reclaman sin buscar un compromiso real—, encuentran una ventana de oportunidad para acercarse a nosotros mediante el paternalismo, la demagogia o el populismo. Su estrategia consiste en ofrecernos propuestas irreales que nos permiten seguir sin responsabilidades, limitándonos a salir a votar para que alguien más resuelva nuestras necesidades. Después, cuando esas promesas no se cumplen, nos indignamos y nos quejamos, reforzando el círculo de la inconformidad sin acción.

En este escenario, a los partidos políticos les resulta más sencillo concentrarse en el marketing político que en una auténtica comunicación política. El objetivo se reduce a
construir popularidad: que su candidata o candidato genere simpatía, logre engagement en redes sociales y, con ello, alcance la victoria electoral. La política se convierte en un
espectáculo de imagen y mercadotecnia, donde lo importante no es el debate público ni la deliberación ciudadana, sino la capacidad de seducir y agradar.
Este fenómeno revela una paradoja: mientras más nos comportamos como consumidores inconformes, más se refuerza la lógica de los políticos de tratarnos como clientes a quienes hay que convencer con slogans, emocionar y hacer promesas. No se trata de afirmar que el marketing político sea negativo en sí mismo. Al contrario, puede ser una estrategia legítima que coadyuve a la comunicación política, especialmente para atraer nuevos votantes o convencer a quienes aún permanecen indecisos. Sin
embargo, el problema surge cuando se utiliza únicamente para aprovechar coyunturas, reduciendo la política a un ejercicio de persuasión superficial.

Mientras más nos comportamos como consumidores inconformes, más se refuerza la lógica de tratarnos como clientes.

En ese punto, es necesario preguntarse si la práctica resulta ética: ¿se busca realmente fortalecer el compromiso democrático, o simplemente captar simpatías momentáneas para ganar popularidad? También debe reconocerse que, cuando los votantes optan por un liderazgo paternalista,
lo hacen porque perciben su entorno como frágil, marcado por la derivación de la incertidumbre en ansiedad, con dinámicas no lineales e incluso incomprensibles. En ese
contexto, la figura del líder paternalista aparece como un refugio emocional y político.

Seguridad emocional: Este tipo de liderazgo transmite la idea de que “alguien sabe lo que es mejor para nosotros”, generando confianza y reduciendo la ansiedad en tiempos de crisis o inestabilidad.

Protección y cuidado: Los votantes perciben al líder como una figura que vela por su bienestar, semejante a un padre o madre que toma decisiones “por el bien común”.

Orden y estabilidad: En sociedades atravesadas por la incertidumbre, el paternalismo ofrece la ilusión de un control centralizado y una dirección clara.
Reciprocidad: Se establece un pacto implícito: la protección del líder se corresponde con la lealtad y obediencia de los ciudadanos.
Cultura política: En regiones como América Latina, existe una tradición de valorar figuras fuertes y protectoras, lo que facilita la aceptación de liderazgos paternalistas.

Para lograr un cambio verdadero se requiere un trabajo conjunto. Los gobiernos y actores dentro de la política, deben reconocer que no poseen la capacidad de enfrentar por sí mismos todas las necesidades.

“La figura del líder paternalista aparece como un refugio emocional y político.”

En este sentido, el revolucionario en políticas públicas
Luis F. Aguilar propone asumir un enfoque de gobernanza, entendido como un modelo donde las decisiones y acciones se construye en una relación de interdependencia entre
instituciones públicas y privadas, actores sociales y ciudadanos.

La democracia requiere corresponsabilidad activa y vigilancia constante.

Bajo esta visión la responsabilidad no recae únicamente en los gobiernos. Los ciudadanos también debemos tomar conciencia de que somos parte de la solución: nuestro deber cívico es participar, exigir y abandonar la ilusión de que un líder o una administración resolverá por sí sola todos nuestros problemas. Esa “venda en los ojos” nos ha hecho imaginar que basta con delegar, cuando en realidad la democracia requiere corresponsabilidad activa y vigilancia constante.

El tema de la gobernanza es sin duda ambicioso, pero en la situación actual se presenta como lo más viable para transformar nuestra relación con la política en este tránsito —de consumidores pasivos a ciudadanos comprometidos— donde se abre la posibilidad de construir comunidades capaces de enfrentar los desafíos contemporáneos con efectividad y legitimidad.

“Mientras más nos comportamos como consumidores inconformes, más se refuerza la lógica de tratarnos como clientes.”

FUENTES

Han, B.-C. (2023). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (2ª ed., 2ª
impresión). Barcelona: Herder S.L.
Aguilar Villanueva, L. F. (2015). Gobernanza y gestión pública. México: Fondo de
Cultura Económica.

Autor

  • POLITÓLOGA. Estudiante de la Maestría en Comunicación Política y Pública. Columnista en el Análisis de Fenómenos Políticos y Sociales.

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